París, 26 de Julio de 2025

Los primeros brillos del sol entraban por la ventana de mi apartamento en París vi la noticia en la prensa: «Cierra el histórico Café Central de Madrid». La noticia me trajo a la mente aquel 12 de agosto de 1982, cuando abrió sus puertas.

Madrid, 12 de agosto de 1982

El mostrador de caoba conservaba aún las marcas de los espejos que José Prat vendió allí en 1903. Apoyé el codo junto a Gerardo, que ajustaba nervioso el piano de pared prestado. Sus dedos temblaban ligeramente.

—»No vendrá nadie», masculló.

Nanye se ocupaba de que todo estuviera lista tras la barra. Los otros tres socios —Pepe, Antonio y Luis— colocaban sillas con la precisión de quien espera un milagro.

El gato olisqueaba las tablas del suelo, donde el olor a trementina de los marcos de Eguidazu se mezclaba con el barniz nuevo. Noventa años atrás, en ese mismo rincón, había comprado una oleografía de Venecia para un joven que firmaba «P. Ruiz».

—»Este sitio ha visto más arte que muchos museos», dije mientras Gerardo probaba un acorde desafinado.

Llegaron los primeros clientes: dos periodistas y un arquitecto barbudo que reconocí de los viejos cafés de Chamberí. Se sentaron junto a la pared donde en 1906 colgaron los retratos de Alfonso XIII.

Nanye encendió las luces del escenario —el mismo espacio donde la viuda Prat apiló cajas de cristal ISOVER en los 70— y me rozó al pasar:

—»Dicen que desde aqui se organizó un baile del Ritz en los años 20″.

—»Fue en junio del 28″, corregí. Bebí un trago para ahogar el lapsus.

El saxofonista comenzó a tocar. Las notas vibraron en los cristales biselados que los obreros de Prat instalaron en 1881. Por un momento, oí el tintineo de las copas de la cristalería mezclado con los aplausos al jazz.

—»¿Le gusta la música?» preguntó el arquitecto.

—»Me gustan los lugares que reinventan su alma sin perderla», respondí.


MUCHA SUERTE CAFÉ CENTRAL







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