Lo sostuve entre los dedos. Cartón gastado, tinta fresca. «Madrid, 1 de agosto.» La fecha quemaba.
—Siempre vuelvo —le dije al vendedor, que no me escuchó.
El billete pesaba más que la moneda de Caravaggio en mi bolsillo.


Lo sostuve entre los dedos. Cartón gastado, tinta fresca. «Madrid, 1 de agosto.» La fecha quemaba.
—Siempre vuelvo —le dije al vendedor, que no me escuchó.
El billete pesaba más que la moneda de Caravaggio en mi bolsillo.
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